Es algo a lo que nadie te enseña a dar la bienvenida. Porque es redundante y ridículo. Darle la bienvenida al adiós de una persona. Darle la bienvenida a los días sin verte, sin oírte… a solo ver tus palabras rápidas y sin intención de vez en cuando. Darle la bienvenida a no ver tu rostro, pero verlo todo el tiempo y a escribir tu nombre aquí y allá. Espero que pienses en mí, no todo el tiempo, yo tampoco pienso siempre en ti. Pero en ocasiones, cuando me quedo sola y no me acompaña más que la obscuridad bajo unas sabanas y tu recuerdo, le doy la bienvenida a mi mente, y te imagino. A veces hay gente, pero estoy sola y me acuerdo de ti. En ocasiones siento que ya me acostumbre y vivo feliz, entonces tú regresas, cómo sé que siempre lo haces, y de nuevo comienza mi bienvenida a tu adiós.
Lourdes Patricia Ramos Corrales
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